Te levantas, te duchas, te vistes, coges el ascensor, sales al patio y andas. Estas llegando pero tu cuerpo la va necesitando, aprietas el paso pero ella está ahí deseando que la fumes, la moldees, la desmenuces, la inhales y emprendas con ella el viaje soñado. Hace calor y miras el reloj, són las 14:30 acabas de comer y te apetece fumar hierba pero no debes. Se plantea automáticamente una duda atroz en la cabeza, me lo fumo o no. Sabes lo que supone puedes ir inquieto y con ganas de acabar, o por el contrario fumarte un leño de la mejor hierba que puedas imaginar y ponerte a volar. Llegar a clase volando implica muchas acciones, miras y ves gente que parece conocida, pero vas to fumao, joder que sensación, tienes los ojos casi chapados, llevas una risa floja y tus pies parece que se arrastran pero en realidad vuelan. La decisión eesta clara, fumar.

Paras en el parque, sacas el material y te enfundas ese precioso material en una sabana fina pero consistente. El momento de darle mecha al petardo es uno de los mejores momentos del dia, lo miras, lo adoras, quieres tenerlo ya, pero tu cerebro lo quiere disfrutar, te tomas tu tiempo. Compras una coca cola, sacas la mistera y dios, chuffffffffff se enciende tu camino a la gloria, la felicidad permanente, el globo estratosférico, te subes a la nube, a la nave espacial, al tunel del placer, pasando como un turista en primera clase por el precipicio del abismo, ese abismo sideral que traza la frontera entre la realidad y la suprarealidad. Al iniciar el viaje el cuerpo experimenta sensaciones de placer completo por fases, todas complementarias que distribuyen los efectos por todo el organismo. Como si de un chequeo nocturno se tratara el cuerpo distribuye aquello que le va hacer alcanzar la gloria suprema en la realidad.

Mundos de mentira que distorsionan tu realidad y te hacen un ser de permanente estado de evasion por la gran presion de la nueva generación. Un placer que no es susceptible de ser sacralizado en vano por ninguna religión o secta ya que el poder de la hierba esta por encima de cualquier institución. Ese producto natural ha sido un regalo de la vida, sino hubiera existido no habria vida, así de sencillo su poder en la esfera cósmica y planetaria hacen indispensable e inútil la vida sin hierba. La marihuana ya ha hecho sus efectos y ese banco ya es más comodo, se ha transformado en un sillón comodísimo que forma parte de tu ser, esos coches aparcados son transatlanticos que acaban de atracar en puerto, el agua que sale de la fuente parece una cascada del nacimiento de un rio. Notas que la vida es un jardin de hierba idílico y crees que no es real. Algo pasa y te miras, intentas pensar, y poco a poco notas que estas en ese banco, pero to fumao. En ese momento sabes que tu vida vale la pena, vuelves a hacer vida introspectiva, y de nuevo te sumerges de nuevo en tu mundo mágico, donde todo tiene cabida. Que pelotazo, marihuana como te quiero, no me dejes solo, y la miras en tu bolsillo que te dice, estare fuera y dentro de tu mente. La abrazas, y te levantas, te apetece andar, celebrar esa simbiosis perfecta entre el THC y tus globulos rojos, ahora atareados, que piden refuerzos, globulos rojos dispuestos a ser fumados por unas horas. Los glóbulos rojos aparecen con fuerza, como si de una batalla se tratara llegan pronto a primera linea, pero en el órgano central el Thc ha llegado a los puntos claves y ha dividido a los combatientes, esos glóbulos rojos sérán claves para la victoria.

Andando, andando, tu cuerpo experimenta un subidón al contacto con el aire fresco, impuro de la ciudad, que para tus pulmones es un chorro de aire fresco, merecedor de tus más sinceras ovaciones. El ambiente ha sido el indicado y la hierba te ha caompañado, bonito viaje, llegas a clase, saludas si puedes porque la castaña te inunda y tu mundo se ha transformado en un mundo medieval de repente. Llegas a la puerta, abres, ves al profesor y bajón. Tu mundo de repente se ha derrumbado, la hierba te ha acompañado pero ahora se ha neutralizado. Ha vuelto el control al poder central y6 te sientas, sacas la libreta, y se acabó. Miras, apuntas, vuelves. Mañana te prometo que volveré a verte. Marihuana no me dejes caminar sólo.