El estupor de los viejos callejones del barrio de Carmen reflejan el espíritu de una sociedad sombría y sórdida. Entre sombras y sombrillas viven los valencianos, un pueblo que no sabe ni a dónde va, ni de donde viene. Los principales reprentantes políticos se encargan de exportar este concepto de ostentación y prepotencia. La ciudad de los caziques y los ricachones se postra ante los amos adinerados de la sociedad. Como si de una película de humor de clase B se tratara, la mierda se barre y se deja bien arregladita debajo de la alfombra. Primero se localiza, luego se amontona y luego se deja pudrir. El barrio del Carmen y el barrio del Cabañal no son mas que los líderes de una lista de barrios que se encuentran “amontonados de mierda” gracias a la inestimable ayuda de los señores burgueses de Valencia. Para conocer la ciudad de una forma diferente hay una serie de referentes culturales que ilustran una realidad muy diversa. En las agencias de viajes estos sitios no aparecen como oferta turística pero son básicos para poder comprender un poco más de las costumbres de la ciudad. Os propongo que emprendais el viaje en autobus. Al llegar a la estación de autobuses de la ciudad podrás degustar de una excelente presencia policial que no dudará en registrarte y agobiarte sin motivo alguno. Ser jóven con pintas en Valencia es sinónimo de consumidor o traficante de drogas, o las dos cosas. Con pintas puede valer cualquiera que no vaya con un polo o pinta pija. Con la excusa de averiguar información relacionada con consumo de drogas, se inmiscuyen en la vida de las personas preguntando las cosas más absurdas posibles. Una vez superada la entrada a la ciudad, os propongo visitar la espectacular playa de la malvarrosa, hemos de dar gracias que por lo menos no encontramos jeringillas en la playa, aquí se disfruta de una vista excelente para la Copa América mientras una serie de inmigrantes senegales te ofrecen todo tipo de enseres, desde gafas hasta alfombras. Despues de la regata damos una vuelta por este barrio emblemático y nos vamos a las puertas de las casitas rosas. Aquí tomaremos un cafe en el parque y seremos testigos de lujo de los planes de rehabilitación del barrio. Con el cafe acabado, nos apetece pasar por delante del circuito urbano de la formula 1, el trayecto nos atrapa ante tal belleza estructural y tal despliegue de logística realizado. Al notar la inequívoca emoción despertada por la metamorfosis sufrida ante tal evento, nuestro cuerpo desarrolla los tejidos necesarios para elevar la cúpula de nuestra alma a la esfera casi idílica de la crem del automovilismo. Aires de grandeza que conforme te vas acercando al estupendo barrio de Nazaret se va transformando en una conciencia despesalumbrada. Cientos de pensamientos te vienen a la mente cuando tomas la curva de la gasolinera pero creo que de todos el más sincero es el que te guía a continuar la carretera y no adentrarte en aquel barrio residencial. Si continuas la carretera tienes ante tus ojos una serie de tiendas móviles de modelos, cientos de chicas ofrecen sus “books” a los muy exigentes señores burgueses. Muchas son las compañias que buscan a sus aspirantes a modelos de portada en esta senda. La senda del amor a la ignorancia. Los polos opuestos dicen que se atraen, y sin duda en Valencia es así, las grandes ofertas turísticas tienen su ubicación muy próxima a zonas de la ciudad abandonadas y enterradas. Si el estómago nos deja digerir la cantidad de nervios desarrollados podemos acercarnos al barrio del Carmen. Paseando por la alfombra roja de adoquines que lustra los caminos de las retorcidas calles del barrio notarás una aura de paz y relajación que te envolverá la paz más absoluta.